Una vez que la producción en masa de
los textos se hizo posible, se mejoraron las tipografías y se pudieron incluir
imágenes en las impresiones, de los que aún tenemos ejemplos en la actualidad.
Muchos estudiosos incluso establecen el nacimiento del diseño gráfico con la
creación de la imprenta.
Con la revolución industrial, a
finales del siglo XVIII, el diseño comenzó a tomar un papel importante para la publicidad
y venta de mercancías, y ya en el siglo XIX podemos encontrar carteles para
eventos culturales como los creados por Toulouse-Lautrec.
No obstante, fue hasta 1922 cuando el
término «diseño gráfico» se registró por primera vez en un medio. Fue en el
ensayo «Nuevas formas de impresión necesitan nuevas formas de diseño», escrito
por el diseñador de libros William Addison Dwiggins.
Llevando esta disciplina al mundo
moderno, después de la Segunda Guerra Mundial, Paul Rand jugó con la
posibilidad de mezclar el copy (o mensaje escrito) con lo gráfico. Esto dio pie
a la creación de logos legendarios que, a pesar de tener más de 50 años en uso,
se mantienen vigentes, como es el de la empresa IBM.
Justamente es gracias a la
transformación de la industria de la computación durante finales de los años 80
y principios de los 90 (como la que lideró IBM) que las herramientas del diseño
gráfico fueron cada vez más accesibles para el ciudadano común.
Programas de diseño gráfico como Paint, Photoshop e InDesign, de Adobe, son parte de las herramientas básicas en casi cualquier oficina, pues la combinación de imágenes con textos ha probado ser muy valiosa para enviar un mensaje, ya sea propaganda, publicidad o contenidos informativos.
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